El teléfono de los instaladores de climatización empieza a sonar distinto a mediados de agosto. No son los vecinos que quieren aire acondicionado para lo que queda de verano — esos ya instalaron en junio, cuando todavía había hueco en la agenda. Son los que han hecho cuentas con la última factura de gas del invierno pasado y han decidido que este es el año en que la caldera vieja se jubila. Y tienen razón en darse prisa: entre pedir presupuesto, esperar la visita técnica, encargar el equipo y ejecutar la obra, un cambio de caldera a aerotermia se lleva fácilmente de cuatro a seis semanas, y quien llama en noviembre con el primer frío se encuentra agenda cerrada hasta enero. La aerotermia lleva años instalándose en obra nueva casi por defecto, pero en vivienda existente —donde hay que retirar una caldera, adaptar el cuadro eléctrico y decidir qué hacer con los radiadores de toda la vida— el proceso tiene más matices de los que cuenta la publicidad de los fabricantes. Ninguna marca te va a explicar en su folleto que un equipo mal dimensionado puede acabar consumiendo casi tanto como la caldera que sustituye, ni que la ayuda que viste anunciada en primavera puede que ya no exista cuando llames a pedir cita. Este es el momento del año para separar lo uno de lo otro antes de firmar nada.
Por qué agosto es el mes de pedir presupuesto, no noviembre
La sustitución de una caldera de gas por una bomba de calor aerotérmica no es una obra urgente en pleno verano, pero es precisamente esa falta de urgencia la que la convierte en la obra más barata de contratar ahora mismo. Los instaladores tienen huecos reales en la agenda de septiembre, algo que no ocurrirá en octubre ni noviembre, cuando la demanda se dispara en cuanto bajan las temperaturas nocturnas. Además, si tu vivienda tiene radiadores de baja temperatura o suelo radiante ya instalado, el técnico necesita tiempo para dimensionar correctamente el equipo — un cálculo de cargas térmicas mal hecho es la causa número uno de las bombas de calor que decepcionan a su dueño el primer invierno.
¿Y si tu caldera actual todavía funciona bien? Entonces no hay ninguna prisa real, y merece la pena esperar a que el equipo actual llegue al final de su vida útil antes de sustituirlo — cambiar una caldera de quince años que aún calienta bien solo por moda energética no compensa económicamente en la mayoría de los casos.
Cuánto cuesta cambiar la caldera de gas por aerotermia en 2026
El rango que vas a encontrar en cualquier presupuesto serio para sustituir una caldera de gas por aerotermia se mueve entre 9.000 € y 15.000 €, aunque el precio final depende sobre todo de tres variables: la superficie de la vivienda, si mantienes los radiadores existentes o hay que cambiarlos, y si añades refrigeración además de calefacción y agua caliente sanitaria. En un piso de hasta 80 m² con calefacción y ACS, el presupuesto suele partir desde 9.500 €, y si se añade refrigeración reversible sube desde 11.000 €. Para una vivienda de 100 m², el precio con calefacción y ACS parte de 10.000 €, y con refrigeración incluida desde 12.000 €. En unifamiliares de hasta 150 m², el rango va de 9.000 € — si se mantienen la mayoría de los radiadores — hasta 14.000 € cuando hay que sustituirlos por completo.
- Bomba de calor con COP 2,8-3,5 (equipo básico): 5.500-9.000 € solo el equipo.
- Instalación bibloc split de 9-11 kW con depósito de ACS e inercia, manteniendo radiadores actuales: 11.500-15.500 € total.
- Instalación bibloc de 12 kW con depósito ACS de 300 litros, sustitución parcial de radiadores y retirada de la caldera antigua: 17.500-21.500 €.
- En Madrid y Barcelona, súmale entre un 10% y un 20% sobre estos precios; en Baleares y Canarias, entre un 20% y un 35% por el coste de transporte del equipo y la mano de obra especializada.
Mejor opción: si tu instalación actual ya tiene radiadores de baja temperatura o suelo radiante, no cambies de gama de equipo solo porque el instalador te lo proponga — un bibloc split bien dimensionado con COP 3,5 rinde igual de bien que uno más caro en la mayoría de viviendas peninsulares, y la diferencia de precio no se recupera nunca en ahorro energético.
CAE, IRPF y bonificaciones municipales: lo que de verdad sigue vigente en agosto
La mayoría de las convocatorias autonómicas ligadas a los fondos Next Generation para sustitución individual de caldera por aerotermia —las que cubrían hasta el 40% de la actuación con un máximo de 3.000 € por vivienda, exigiendo un ahorro energético mínimo del 7%— cerraron su plazo de solicitud en el segundo trimestre de este año, así que si vas a pedir presupuesto en agosto no cuentes con esa vía en la mayor parte del territorio. Eso no significa que las ayudas se hayan agotado. Los Certificados de Ahorro Energético, regulados por el RD 36/2023, siguen activos todo el año y permiten un descuento directo en factura de entre 1.000 € y 3.500 € al sustituir gas natural, gasóleo o propano por aerotermia — para gas natural en concreto, la cuantía habitual ronda los 1.200-1.800 €, y la gestiona directamente la empresa instaladora a través de un sujeto delegado, sin que tengas que rellenar ningún formulario adicional.
La deducción en el IRPF también sigue en pie: el Real Decreto-ley 7/2026 prorrogó hasta el 31 de diciembre de este año los tramos del 20% y el 40% sobre lo pagado en obras de mejora energética, aplicables cuando se reduce al menos un 7% o un 30% de la demanda de calefacción respectivamente, con el mismo requisito de siempre — certificado energético antes y después de la obra, sin el cual Hacienda rechaza la deducción sin excepción. A eso se suman las bonificaciones municipales, que varían mucho según el ayuntamiento: algunos ofrecen hasta el 50% de descuento en el IBI durante varios años y hasta el 95% en el ICIO, aunque hay que solicitarlas expresamente antes de empezar la obra en la mayoría de los casos, no después.
El caso del País Vasco: una convocatoria abierta ahora mismo
No todas las regiones han cerrado el grifo. El Ente Vasco de la Energía lanzó en julio uno de los programas más generosos del país para electrificación térmica, con plazo de solicitud abierto desde el 9 de julio de 2026 hasta el 28 de febrero de 2027 — si vives en Euskadi, este es probablemente el mejor momento en todo el año para pedir presupuesto. Conviene revisar también Castilla y León y Castilla-La Mancha, donde suelen abrirse líneas puntuales fuera del calendario general, aunque con dotación más limitada y agotamiento rápido del presupuesto.
El requisito técnico que decide si tu bomba de calor "cuenta" como renovable
Aquí es donde mucha gente se lleva una sorpresa: no toda bomba de calor cumple automáticamente el Código Técnico de la Edificación. El Documento Básico DB-HE4 exige que, para que la contribución de la bomba de calor al agua caliente sanitaria se compute como energía renovable, el equipo tenga un rendimiento medio estacional (SCOPdhw) igual o superior a 2,5 cuando funciona con electricidad, calculado a una temperatura de preparación del ACS no inferior a 45 ºC por la normativa de prevención de legionela. Ese umbral puede reducirse al 60% de su valor cuando la demanda diaria de agua caliente es inferior a 5.000 litros, que es el caso de prácticamente cualquier vivienda unifamiliar o piso normal. La instalación, además, tiene que ejecutarla una empresa habilitada conforme al RITE — sin ese certificado de instalador autorizado, ni las ayudas ni la justificación del CTE tienen validez, por muy bien montado que quede el equipo.
Aerotermia o quedarte con la caldera: cuándo compensa y cuándo no
El ahorro real frente a una caldera de gas ronda el 65% del gasto en calefacción con un rendimiento estacional (SCOP) de 3,5 a 4,5, lo que en un piso de 100 m² se traduce en unos 700 € al año menos en la factura. Sin ayudas, la inversión se amortiza entre 6 y 12 años según el tamaño de la vivienda y el combustible que sustituyas — sustituir gasóleo compensa antes que sustituir gas natural, porque el gasóleo parte de un precio por kWh más alto. No vale la pena hacer el cambio si tu vivienda tiene mala envolvente térmica y sin aislar antes: una bomba de calor trabajando contra un piso sin aislamiento pierde gran parte de su ventaja frente al gas, porque tiene que mantener encendido el compresor mucho más tiempo para compensar las pérdidas de calor por fachada y cubierta.
La antigüedad de la instalación eléctrica de la vivienda también pesa más de lo que la gente cree: un cuadro eléctrico de antes de 2003 casi siempre necesita revisión antes de soportar la potencia adicional de una bomba de calor bien dimensionada, y ese coste rara vez aparece en el primer presupuesto que te dan. Pide siempre que el instalador revise la instalación eléctrica antes de firmar el contrato, no durante la obra — descubrirlo a mitad de instalación añade días de retraso y una factura extra que nadie había presupuestado.
Haz la cuenta con un ejemplo real antes de decidir. Una vivienda de 100 m² con caldera de gas gasta de media unos 1.100 € al año en calefacción y agua caliente; con aerotermia y un SCOP de 4, ese gasto baja a unos 400 €, es decir, un ahorro anual de 700 €. Descontando el CAE (1.500 € de media) y la deducción del 20% en el IRPF sobre una inversión neta de 10.500 €, el desembolso real ronda los 6.900 €, que se recuperan en menos de diez años solo con el ahorro en factura, antes incluso de contar la bonificación municipal del IBI si tu ayuntamiento la ofrece. ¡Y eso sin tener en cuenta que el precio del gas natural lleva cinco años subiendo por encima de la electricidad regulada, lo que acorta el plazo de amortización cada año que pasa! No es una cuenta que valga para todo el mundo por igual —si tu tarifa eléctrica es cara y sin discriminación horaria, conviene contratar una tarifa con horas valle antes de encender la bomba de calor, porque ahí es donde se juega buena parte del ahorro real frente al gas. Pide siempre al instalador una simulación con tus propios datos de consumo del último año, no la tabla genérica del fabricante, porque la diferencia entre una vivienda orientada al norte y otra al sur puede mover el ahorro anual en varios cientos de euros.