El primer indicio no es visual, es sonoro: el ruido de la calle que antes quedaba fuera ahora entra sin filtro, y por las noches empieza a notarse una corriente de aire fría rozando el suelo del salón. En muchas viviendas de los años 80 y 90 las ventanas originales, de aluminio sin rotura de puente térmico y vidrio simple, llevan décadas sin cambiarse. Septiembre, antes de que las temperaturas caigan del todo, es el momento en que más empresas de carpintería tienen hueco en la agenda y los precios todavía no suben por la demanda de última hora de noviembre y diciembre.
Cambiar las ventanas no es solo una cuestión de confort. Según el Código Técnico de la Edificación (CTE DB-HE), la envolvente térmica de un edificio —y las ventanas son la parte más débil de esa envolvente— determina buena parte de la demanda energética de calefacción. Un piso con ventanas de aluminio sin RPT y vidrio simple puede perder hasta un 25-30% de su calor por los huecos, frente a un 10-15% en una vivienda con carpintería moderna y doble acristalamiento bajo emisivo. La diferencia se nota en la factura del gas o de la electricidad desde el primer invierno, aunque no sea la única variable que la explica.
PVC o aluminio con rotura de puente térmico: no hay una respuesta única
La pregunta que más se repite en las tiendas de Leroy Merlin y Brico Depôt, y también en las carpinterías de barrio, es siempre la misma: ¿PVC o aluminio? La respuesta corta es que depende del presupuesto, del tipo de vivienda y de si hay normativa de comunidad o de casco histórico que condicione el acabado exterior. La respuesta larga merece un poco más de espacio.
PVC: mejor aislamiento, precio más ajustado
El PVC gana casi siempre en aislamiento térmico puro. Su conductividad térmica es mucho más baja que la del aluminio, así que a igualdad de vidrio, una ventana de PVC transmite menos frío hacia el interior. Marcas como Veka, Kömmerling o Rehau —todas con fabricantes homologados en España— ofrecen perfiles de 5, 6 o 7 cámaras que mejoran el aislamiento cuanto más cámaras tienen. Para una vivienda estándar, con las que llevan 5 o 6 cámaras es más que suficiente; pagar de más por 7 cámaras solo tiene sentido en zonas climáticas muy frías, como Soria o Teruel.
El punto débil del PVC es estético y dimensional: en huecos muy grandes, como ventanales de salón o puertas correderas amplias, el perfil de PVC necesita refuerzos internos de acero que encarecen la pieza y, aun así, no siempre igualan la rigidez del aluminio. Si el hueco supera los 2,5 metros de anchura, conviene pedir presupuesto en ambos materiales antes de decidir.
Aluminio con RPT: más resistencia, mejor acabado en grandes huecos
El aluminio con rotura de puente térmico —una barra de poliamida que separa la cara interior de la exterior del perfil, evitando que el metal conduzca el frío directamente— ha cerrado casi toda la distancia térmica que lo separaba del PVC hace una década. Cortizo, fabricante español con planta en Padrón (A Coruña), y Technal son las referencias habituales que instalan la mayoría de carpinterías profesionales. Para fachadas con normativa estética estricta, edificios protegidos o comunidades que exigen un acabado concreto, el aluminio lacado permite más colores y acabados que el PVC, que en la práctica se limita casi siempre al blanco o a chapados de imitación madera.
Mejor opción si hay huecos grandes o si el edificio tiene alguna exigencia estética de comunidad: aluminio con RPT. Si el criterio es exclusivamente aislamiento y presupuesto ajustado en una vivienda estándar: PVC. No hace falta complicarlo más.
El vidrio importa tanto como el marco —y a veces más
Aquí es donde más se equivocan los presupuestos low-cost: cambian la carpintería pero mantienen un vidrio mediocre, y el ahorro energético prometido nunca llega a verse en la factura. El vidrio doble estándar (4/12/4, es decir, dos lunas de 4 mm con cámara de aire de 12 mm) ya es obligatorio de facto en obra nueva y en cualquier reforma que cumpla el CTE, pero dentro del doble acristalamiento hay diferencias enormes.
- Doble bajo emisivo (con capa de control solar tipo Climalit Plus o Guardian ClimaGuard): reduce la pérdida de calor por radiación sin renunciar a la luz natural. Es el estándar recomendable para cualquier vivienda en 2026.
- Vidrio con cámara de argón en lugar de aire: mejora el aislamiento acústico y térmico entre un 10 y un 15% adicional, con un sobrecoste que ronda los 15-25 € por metro cuadrado. Merece la pena en calles con tráfico intenso.
- Triple acristalamiento: solo se justifica en zonas climáticas D y E (buena parte de Castilla y León, Aragón interior, zonas altas de Cataluña) o en viviendas orientadas a norte con mucha exposición al viento. En Madrid, Valencia o Sevilla, el sobrecoste —entre un 20 y un 35% más que el doble bajo emisivo— rara vez se amortiza en un plazo razonable.
Y aquí va la advertencia que casi nadie hace en las tiendas de bricolaje: un buen vidrio montado sobre un marco mal instalado, sin sellado perimetral correcto ni espuma de poliuretano en el hueco, pierde buena parte de su rendimiento por las rendijas. La instalación cuenta tanto como los materiales, y es precisamente lo que más se recorta cuando se contrata al instalador más barato.
Precios reales en 2026, por metro cuadrado instalado
Los precios varían según la provincia, la complejidad del hueco y si hay que retirar persiana antigua o cajón de obra, pero estas horquillas reflejan lo que se está pagando actualmente en la mayoría de comunidades autónomas, IVA reducido del 10% incluido cuando aplica a vivienda habitual:
- Ventana de PVC, doble acristalamiento estándar, instalada: 280-380 €/m².
- Ventana de PVC con vidrio bajo emisivo + argón: 380-480 €/m².
- Ventana de aluminio con RPT, doble acristalamiento bajo emisivo: 420-560 €/m².
- Ventana de aluminio con RPT y vidrio triple: 580-720 €/m².
- Persiana motorizada añadida al conjunto: 180-260 € por unidad adicional.
Para un piso tipo de 90 m² con seis huecos (salón, dos dormitorios, cocina y dos ventanas pequeñas de baño), el presupuesto completo con PVC y vidrio bajo emisivo suele moverse entre 5.500 y 7.500 €. Con aluminio RPT, la misma vivienda sube hasta un rango de 7.000-9.500 €. No es un gasto menor, y por eso conviene pedir siempre un mínimo de tres presupuestos detallados por partidas —no un precio cerrado sin desglose— antes de firmar nada.
Ayudas vigentes: hay dinero sobre la mesa, pero hay que moverse pronto
El Plan de Rehabilitación de Vivienda financiado con fondos Next Generation sigue activo en 2026 a través de las comunidades autónomas, aunque con partidas ya bastante ajustadas respecto a la convocatoria inicial de 2022. Las ayudas para mejora de la envolvente térmica —que incluyen el cambio de ventanas cuando forma parte de una actuación de mejora energética certificada— pueden cubrir entre el 40% y el 80% del coste en actuaciones a nivel de edificio completo, según el ahorro energético acreditado con el certificado energético antes y después.
Para una reforma individual de vivienda (no de comunidad completa), lo más realista en la mayoría de comunidades autónomas son las líneas de deducción fiscal en el IRPF por obras de mejora de eficiencia energética, que permiten deducir entre el 20% y el 60% de la inversión según el ahorro de demanda energética conseguido, con topes anuales que varían entre 5.000 y 7.500 € según el tramo. El trámite exige certificado energético antes y después de la obra, así que conviene contratarlo desde el principio y no como ocurrencia de última hora quince días antes de la declaración de la renta.
Errores que encarecen la obra sin necesidad
El más habitual, con diferencia, es medir mal el hueco existente y pedir presupuesto sin que nadie haya ido a comprobar si hay que picar alicatado, retirar cajón de persiana de obra o ajustar el vierteaguas. Eso convierte un presupuesto cerrado de 6.000 € en una factura final de 7.500 € con "imprevistos" que, en realidad, eran previsibles desde el primer día. Exigir siempre visita técnica previa antes de firmar evita la mayoría de estas sorpresas.
El segundo error es contratar la instalación a la empresa que vende el material más barato sin comprobar quién la instala físicamente. Muchas franquicias de venta de ventanas subcontratan la colocación a autónomos de paso, sin garantía real sobre el sellado ni sobre la estanqueidad. Pedir el certificado de instalador homologado del fabricante —Cortizo, Veka y Technal tienen sus propios listados públicos de instaladores certificados— cuesta cinco minutos de búsqueda y evita años de goteras por mal sellado perimetral.
Y sí, hace falta licencia o comunicación previa en la mayoría de ayuntamientos cuando se cambia el aspecto exterior de la fachada, aunque sea solo el color del marco. En edificios sin protección patrimonial suele bastar con una comunicación previa de obra menor, con tasas que rondan los 100-200 € según el municipio; en cascos históricos o edificios catalogados, el trámite puede alargarse semanas y exigir que el nuevo marco reproduzca el color y la sección del original.