Llega mediados de junio, la primera ola de calor asoma y de repente todo el mundo se acuerda del aire acondicionado. Es el peor momento para comprarlo: los instaladores están desbordados, los precios suben y acabas aceptando lo primero que te ofrecen con tal de no pasar agosto a 35 grados. Si todavía estás a tiempo, instalar un split bien hecho no es ciencia ficción, pero hay decisiones que se toman antes de taladrar la pared y que, si las dejas para luego, te van a costar dinero o un equipo que no enfría como debería. Vamos por partes, porque aquí el error caro no es el aparato, es el dónde y el cómo.
Calcular los frigorías antes de mirar marcas
El fallo número uno es comprar por potencia de más o, peor, de menos. La regla rápida que usan los instaladores serios es de unas 100 frigorías por metro cuadrado en una vivienda con aislamiento normal, subiendo a 120 o 130 si la estancia da al sur, tiene ventanales grandes o está bajo cubierta. Para un salón de 25 metros cuadrados orientado al oeste, eso significa un equipo de unas 3.000 frigorías, es decir un split de 3,5 kW aproximadamente. Si te quedas corto, el aparato trabajará a tope todo el día sin llegar nunca a la temperatura y disparará la factura; si te pasas, enfriará a golpes, encendiéndose y apagándose, con esa sensación incómoda de frío-calor y un consumo que tampoco baja.
Sobre las marcas, te seré franco: Mitsubishi Electric y Daikin siguen siendo la referencia en silencio y durabilidad, y se nota en el precio. Un split de gama media de Fujitsu o Panasonic da un resultado excelente por bastante menos, y para un dormitorio que usas solo de noche no necesitas gastar más. Fíjate en la etiqueta energética con el valor SEER para frío: por debajo de A++ hoy no merece la pena, porque la diferencia en la factura de verano se come el ahorro inicial en dos temporadas. Y mira el nivel de decibelios de la unidad interior si lo pones en una habitación; por encima de 25 dB en modo silencio, lo vas a oír de noche.
El gas R32 y por qué importa quién lo instala
Casi todos los equipos nuevos usan refrigerante R32, más ecológico que el viejo R410A pero ligeramente inflamable, lo que obliga a respetar volúmenes mínimos de estancia según la carga de gas. Manipular ese gas exige el carné de manipulador de gases fluorados, y no es un capricho burocrático: una instalación mal vacuada, sin hacer el vacío correcto con la bomba antes de abrir las llaves, mete humedad en el circuito y te carga el compresor en un par de veranos. Aquí está la trampa de las ofertas baratas que ves en junio. Por eso, el «te lo instala mi cuñado» con el aire acondicionado sale caro.
Dónde poner las unidades, que es lo que de verdad falla
La unidad interior no se cuelga donde queda bonito, sino donde el aire frío barre la estancia sin darte directamente encima del sofá o de la cama. Ponla alta, en una pared sin muebles delante, y nunca enfrentada a una pared cercana que rebote el flujo. La exterior es la que más quebraderos da, sobre todo en piso. Necesita aire libre alrededor para disipar el calor, así que encajarla en un patinillo cerrado y minúsculo es condenarla a rendir mal y a hacer ruido. Además, en la mayoría de comunidades de propietarios la fachada es elemento común y colgar la unidad exterior de la pared que da a la calle requiere autorización de la comunidad; revisa los estatutos antes, porque hay vecinos que han tenido que desmontarla por orden de la junta.
- La distancia entre unidad interior y exterior importa: a partir de unos 15 metros de tubería el rendimiento cae y hay que recargar gas, así que cuanto más cerca, mejor.
- El desagüe de la condensación tiene que tener pendiente hacia fuera y no verter sobre la ventana del vecino de abajo, un clásico que termina en bronca y a veces en denuncia.
- Pide que pasen el tubo por el exterior con canaleta limpia o, si puede ser, empotrado antes de alicatar; las canaletas blancas cruzando media fachada envejecen fatal en dos años.
Una cosa que poca gente sabe: desde la normativa actual, cualquier instalación fija de aire acondicionado debería contar con su boletín y, si supera cierta potencia, con la documentación correspondiente ante industria. Para un split doméstico de salón rara vez lo piden, pero si algún día vendes o alquilas y el técnico revisa, una instalación sin papeles es un punto que juega en tu contra. Guarda la factura y el certificado del instalador.
Precios reales de este verano
Hablemos de números, sin adornos. Un split sencillo de 2.500 frigorías de marca media, instalado, ronda los 700 a 900 euros en una pared con la exterior accesible y la tubería corta. Sube a 1.000 o 1.300 euros si subes de gama o si la instalación se complica con andamio, grúa o muchos metros de tubo. Un equipo de conductos para enfriar varias estancias desde el falso techo es otra liga: a partir de 3.000 euros y subiendo, y ahí sí o sí necesitas que entre el instalador antes de cerrar el techo de pladur.
¿Merece la pena el conductos frente a varios splits? Si vas a climatizar tres o cuatro estancias y estás de reforma con los techos abiertos, el conducto queda invisible y reparte mejor; pero si solo quieres apañar el salón y el dormitorio principal, dos splits salen mucho más baratos y los manejas por separado, que no es poco cuando uno duerme con frío y el otro con calor. Mi consejo para la mayoría de pisos: dos splits bien dimensionados antes que un conductos sobredimensionado que enfría habitaciones vacías.
No esperes a la segunda ola de calor para llamar. En julio los plazos se van a tres semanas y los precios que te he dado se quedan cortos. Mide tus metros, calcula las frigorías, y pide dos presupuestos esta misma semana.